Acercamiento personal a la inteligencia emocional

julio 26, 2017

Acercamiento personal a la inteligencia emocional

Cuando era pequeña y comenzaba a construir mi identidad (desarrollo emocional), nadie me enseñó qué eran las emociones, no sabía qué era lo que sentía, y mucho menos sabía que lo podía manejar, y una de las cosas que siempre me marcó de mis temores de infancia era ir a mercar.

Mis padres trabajaban todo el día, por lo que el único momento que tenían para ir a mercar era en las noches, mas o menos una hora antes de que los supermercados cerraran. Mi plan cada 15 días era ir al supermercado por la noche con mis papás, pero lo que de verdad pasaba era que iba a una maratón o una carrera contra el tiempo, pues en mi cabecita, yo pensaba que si se hacía tarde y nos demorábamos más de la cuenta mercando, iban a cerrar el supermercado e íbamos a tener que pasar tooooda la noche allí.

Muchas veces me tocó ver como lentamente iba quedando el supermercado desierto, comenzaban a apagar las luces y eran pocas las cajas registradoras que quedaban abiertas. Cuando esto sucedía era realmente miedo lo que sentía de estar allí, al comenzar a apagar la primera luz o si decían por el parlante que en 10 minutos cerrarían el lugar, mi primera reacción era de susto, cogía a mi mamá de la mano y le decía que era hora de irnos ya, sin embargo, ella seguía mercando tranquilamente y me decía que no me preocupara, pero para mi era algo serio, ahí tendría que pasar toda la noche, así que la jalaba, lloraba y hacia una terrible pataleta pidiéndole que por favor nos fuéramos, cuando esto no funcionaba me tiraba al piso y comenzaba a llorar más fuerte aún, era una angustia tal que no podía controlarme, mi mamá me decía que me veía fea haciendo así, que así no hacían las niñas y me dejaba sola, en un pasillo, llorando en el suelo (y ella muerta de la pena por mi pataleta). Yo, obviamente, no podía ni siquiera pensar, lloraba y lloraba hasta que me daba tanto susto estar allí sola que corría nuevamente a estar con mi mamá, pero durante ese tiempo en mi cabeza no cabía la idea de que iban a esperarnos para salir, que aún faltaban 10 minutos para cerrar o que mis papás no permitirían que algo malo me pasara. Para mí no existía nada más que la emoción, el temor (y mis rabietas por supuesto).

Con el tiempo, he ido aprendiendo a conocer mis temores, qué hacer o no hacer, a saber hasta donde llegar o qué caminos tomar según lo que quiero, o dependiendo de lo que sé que voy a sentir en alguna situación determinada, y no, no es fácil enfrentarse a uno mismo, no es algo que sea tan sencillo controlar, aún sigo aprendiendo a ser consciente de mis emociones, y las de los demás.

Lo que me pregunto ahora, que estudio, investigo, leo y estoy tan inmersa en el tema, es ¿cómo hubiera sido si desde pequeña hubiera comenzado en este hermoso y maravilloso mundo de la inteligencia emocional?

El desarrollo emocional nos ayuda a conocer, identificar, expresar y aprender a controlar nuestras emociones y nuestra forma de actuar cuando las sentimos. Con este proceso o desarrollo es con en el que desde que nacemos comenzamos a construir nuestra identidad, nuestra autoestima y seguridad. Es de vital importancia para acercarnos al mundo social e interactuar con las demás personas.

Un desarrollo emocional positivo y consciente debe comenzar desde la niñez en el hogar y fortalecerse en las instituciones a las que acudimos, esto ayudará a tener más consciencia de nuestras emociones y formar nuestra inteligencia emocional, la cual nos servirá en el transcurso de la vida para comprender cómo somos, realmente qué es lo que queremos, a aprender a tomar decisiones, ser sociales y empáticos, pues la inteligencia emocional es ser capaz de persistir y enfrentar de manera positiva las decepciones y manejar nuestros impulsos para que nuestras emociones no nos controlen, como me controlaban a mi cada que entraba de noche a un supermercado.

 - Ana María



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